Posted in marzo 2010

Éste sí que es el partido del siglo: Arsenal – Barça

Cómo han cambiado las cosas. ¿Dónde estará ahora Oleguer?

Seguro que desde ahora hasta el próximo día 10 de abril desde laSexta (y desde la “prensa deportiva”, y desde “Los Manolos”, y desde cualquier lado, porque hasta en tdp lo tratan desde un estúpido madridismo el asunto) nos empiezan a martirizar con el Madrid-Barça. Que sí los 2 mejores equipos del mundo (lo del Barça lo entiendo, pero el Madrid ya está en el 2º bombo de la UEFA), que si CR9 contra Messi, que si la Liga en juego que si bla,bla,bla. Yo lo tengo muy claro; aunque debería estar estudiando Cuidados Paliativos, supongo que me iré a Capitol a ver a Standstill… en vez de ver el partido -la ida ya me la perdí por estar en aeropuertos de segunda…

Pero, aparte de ese egocentrismo y fanatismo tan propios del español medio, si somos objetivos, y nos abstraemos de nacionalismos absurdos, esta noche se enfrentan en un terreno de juego los equipos que más empeño ponen en dignificar un deporte tan vacío en nuestros tiempos de espíritu competitivo y deportivo, y que se comporta como un asqueroso lobby que mantienen unas deudas escandalosas y al que se le consienten privilegios fiscales y políticos simplemente por ser el “opio del pueblo”. Señor@s, háganme caso y disfruten del espectáculo: Arsenal – Barcelona. Y todo sea dicho de paso, aunque se salve el descafeinado ManUtd-Bayern, el único partido que parece propio de esta eliminatoria de Champions, porque el resto…¡telita!

Por si queda alguna duda: lo interesante es el cruce 3.

Después del Celta, son mis dos equipos favoritos. De hecho, cuando era un niño (y no fue hace tanto tiempo), era ferviente seguidor culé. Es más, me acuerdo de celebrar el penalty fallado por Djukic que le daba una Liga en la última jornada al Barça de Cruyff. Sin embargo, el asunto se acabó en ese mismo año, 1994, con la final de Champions que perdieron 4-0 contra el Milan. Recuerdo haber llorado como una magdalena, casi tanto (y ya entonces me molestaba), que cuando un coche había atropellado a mi perro el año anterior. Así que, como se dice, hice borrón y cuenta nueva (todavía tenía goma suficiente), y tras un coqueteo con el eterno rival -me fascinaba cómo jugaba Rivaldo, qué queréis-, desde entonces empecé a ser del Celta.

Al mismo tiempo, (bueno, un poco más tarde), llegaba al Arsenal Arséne Wenger. Era 1996, y todavía estaba fascinado cómo se habían llenado los campos ingleses en la Eurocopa. Para mí, desde aquella perspectiva, lo mejor del mundo era ser hooligan, animar enfervorizadamente a mi equipo (a pesar de los típicos coloretes sobre el clásico tono pálido inglés), y cantar a pleno pulmón Blur y Oasis en un estadio de fútbol. Y, además de eso, unos futbolistas que entendían el juego de ataque como presión, posesión y velocidad. Porque mira que jugaban bien los Bergkamp, Overmars y Henry… Más tarde, en 2004, el Celtiña se cruzó al Arsenal en octavos, y nos tocó el equipo que ganó la Premier League acabando invictos. Y que encadenó en Liga inglesa 49 partidos sin perder.

Decid lo que queráis; la Intertoto es un título europeo. Y la ganamos.

Por ese mismo entonces, el fútbol de toque volvía a Can Barça. Tras un comienzo titubeante con Rijkaard en el banquillo, encadenó una 2ª vuelta bestial en la que sólo perdió contra… el Celtiña. Y sí, volvía a ser 2004, y el Celtiña pasaba de jugar la Champions por primera vez en su historia, y, lo que es más importante, de inventar la joseignaciada, a descender a Segunda ganándole a un equipo que lo ganó (casi) todo en la 2ª vuelta, con un Ronaldinho empezando a deslumbrar.

Pero todo esto era para algo. El día que se enfrentaron en la mejor final de Champions de esta década los dos equipos que nos ocupan -aunque ya sé que la del ManU y el Chelsea tuvo un final que ni Los Serrano-, aunque me alegré por el resultado final en la misma medida que me dieron pena Fábregas y Almunia, tuve el mejor descuento de partido de mi vida. Y no, no tiene que ver con sexo. Me llamaron al móvil, y al otro lado, sin terciar palabra, sonaba esto -sí, la mítica canción de los deportes de laSexta-. En directo. Y desde aquí, Contreras, te sigo estando agradecido.

Y soy consciente de que me he desviado del asunto. Tanto el Arsenal como el Barça son dos delicias en un campo de fútbol. La capacidad que demuestran para plantear el juego de ataque desde el toque y la posesión, en la que todos los hombres saben tanto atacar como defender, en el que los jugadores demuestran sentimiento de pertenencia al club, en los que se dan oportunidades y se miman a los jugadores jóvenes, y en la manera en la que el talento se impone al músculo, hacen que merezca todavía la pena soñar con este deporte.Y todo esto, demostrando que incluso se puede seguir un modelo financiero viable. Y vale, ya sé que no es algo nuevo, pero siento que debía decirlo.

En esta ocasión no tengo favoritos. Sólo espero que quien pase la eliminatoria, gane la Champions. Por justicia poética a este deporte. Y el que no lo haga, que gane su liga doméstica. Porque, en el fondo, son los únicos que justifican el precio de las entradas, o de las camisetas, o de los contratos de TV. Gracias por los próximos, al menos, 180 minutos. PD: Y si no os fiáis de mi opinión, os dejo la de un experto: Maldini.
PD2: O la de otro: Axel Torres.

No os asustéis, sólo es un partido al Pro. Y sí, yo era el Arsenal...

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Promesas que no valen nada

  • Prometo no volver a trasnochar perdiendo el tiempo en Internet.
  • Prometo no volver a pasarme una tarde en blanco con las series de Neox (renuncio al Príncipe de Bel Air y a las 2 primeras temporadas de Cómo Conocí a Vuestra Madre), y sólo veré la 3ª de Big Bang Theory. Y mientras esté de vacaciones nada más. Además, renuncio a Dawson’s Creek en inglés en la G2.
  • Prometo levantarme a una hora decente, y trabajar en algo académico unas 35 horas a la semana.
  • Prometo hacer 1 hora de ejercicio. Al día. Todos los días.
  • Prometo no abandonar esta propuesta la primera semana (por enésima vez).
  • Prometo no decir más tacos.
  • Prometo no volver a arrepentirme de esta manera.
  • Prometo implantarme cierto planning mental que me permita dedicarle un rato todos los días a todos los fregados en los que me he metido.
  • Prometo actualizar esto con mayor frecuencia que desde empecé con ReySombra
  • Prometo no obsesionarme con tener al día mi GoogleReader.
  • Prometo ser más metódico a la hora de mirar mis correos y mis redes sociales: con 1 hora al día, para atenderlas a todas, deberá ser suficiente.
  • Prometo no volver a perderme conciertos, reuniones y quedadas por pereza.
  • Prometo mantener mis estanterías con los libros, discos, películas y series igual de ordenados que están ahora. O, por lo menos, que este orden venza a la entropía. (Que conste, no he dicho nada del armario…)
  • Prometo no enfadarme por anticipado, ni por precipitado. Y en caso de que así sea, la procesión ira por dentro.
  • Prometo hacer recuento dentro de un mes, y estar satisfecho conmigo mismo.

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If things were to go wrong

Si algo puede salir mal, saldrá mal. O la tostada siempre cae por el lado de la nocilla mantequilla. Las desgracias familiares ocurren en los peores momentos posibles, las enfermedades si caen en época de exámenes fastidian más, y siempre hay alguna frase hecha dispuesta a amargarte la existencia con sus agoreras ínfulas supersticiosas que no es que te las acabes creyendo, es que te suceden y se te queda (¿más?) cara de tonto. Y sí, he vuelto a escuchar el disco del mismo nombre, de Deluxe, que a pesar de que después dejó de interesarme, marcó mi adolescencia. Sí, ya sé que no está tan lejos en el tiempo, pero uno, que (dice que) madura deprisa. Podéis escucharlo aquí, y corroborar junto a mí que es el mejor disco que ha hecho Xoel López, y que el problema de su paso al castellano no fue el cambio de idioma, sino que las canciones eran menos inspiradas.

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Jugamos como nunca y perdimos como siempre

Pues sí, entre otros motivos por los que este blog ha estado acumulando polvo durante el mes de febrero, hubo Febrero de exámenes. El más raro que haya tenido. Sin sentir tensión, sin excesiva motivación, y básicamente decepcionado. Primero, por anticipado y, posteriormente, por la confirmación (de aquello que ya sabía) de que:

1.- La Universidad está anquilosada. En un programa desproporcionado, en unos exámenes que no son representativos de la materia, en unos profesores hipócritas y en un sistema obsoleto, entre otros defectos. Entre otros defectos que Bolonia no solucionará (sólo me refiero al asunto meramente académico).

2.- Da igual cuánto hayas trabajado en una asignatura. Sólo importa el examen. Y así nos va… el año que más me he currado unos apuntes de lujo (no es por ser vanidoso, es que me han quedado fabulosos), y no ha valido la pena -a la hora de las notas-.

3.- No tengo suerte en los exámenes. Eso explica que nunca haya acertado más de 8 en la Quiniela, y de que, de todas las veces que haya jugado a la Primitiva (durante unos 3 años) y a la Euromillones (2 años), sólo haya sacado en limpio 34 €, que, obviamente, no sufragaron gastos. Tampoco es una novedad: es algo de lo que soy consciente, pero cuando te sientes decepcionado fastidia mucho más ver la cantidad de gente (que no personas) que tienen una flor en el culo y les funciona como amuleto.

4.- No hay ningún profesor del 2º ciclo decente, al que poder considerar “maestro”. Hay cierta diferencia entre “ese tío que da clase”, y esa persona magnética y fascinante, con pasión por lo que hace, y que sabe explicar y transmitirte dos de las virtudes más importantes en la vida laboral (vocación y profesionalidad) y que te acordarás, con el tiempo y la perspectiva suficiente, como un ejemplo a seguir, como un espejo en el que intentar verse reflejado.

5.- Es frustrante ver cómo gente que ha alcanzado ciertos cargos de responsabilidad en una institución pública como una Facultad es tan inepta, desordenada, despistada, torpe, cobarde e incapaz de reconocer sus errores. Y, aún por encima, tienes que lidiar con ellos a sabiendas de que ni les importas, ni van a asumir ninguna responsabilidad. Sí, sigo hablando de profesores, y de coordinadores. Lo sé, nadie me obligó a ser delegado

Vamos, que respecto a estos últimos exámenes, me siento como el Celtiña: por mucho trabajo, talento, y constancia que haya demostrado, siempre acaba apareciendo algún árbitro cabrón, o algún despiste defensivo que me cuesta caro. No todo está perdido. Nos queda la dignidad y el orgullo, algo de lo que otra mucha gente no podrá presumir en su vida.

PD: El título, por La Habitación Roja – Nunca ganaremos el Mundial.

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Sobre recuperar el tiempo perdido y tal

Nunca había estado tanto tiempo sin actualizar esto. Y sin comentar en otros blogs, de esos que me gusta seguir a diario. Ya prácticamente ha recuperado la normalidad mi GoogleReader (sólo tengo pendientes 350 ADVs que dejo para esas noches de helado y mantita con la parienta.
No obstante, durante estas 5 semanas de inactividad, he publicado algunas cosillas, por si os las habéis perdido:
En ReySombra:

En mi Posterous: esto sobre el revuelo de Aznar.

Y sí, ya sé que da a un post a la semana, pero oye, que prometo intentar recuperar mi nivel de actividad de antes. Eso sí, algo que, aunque no es productivo, queda muy chulo y resulta muy útil para saber si una persona sigue estando viva o no -además de la evaluación médica correspondiente-, es hacerse un Flavors.me. El mío es éste, y como podéis ver, es fantástico para poder unificar en un sitio toda la actividad web que desarrolláis. Es gratuito y, oye, para los servicios que uso, y con la finalidad que pretendo (básicamente, escribir en algún lado todo eso que quiero decir y que, o no puedo hacerlo en voz alta, o no puedo hacerlo de manera inmediata, así que prefiero escribirlo y luego obligaros a leerlo), me viene de perlas.

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