
No sé si os habréis enterado, pero una de las campañas publicitarias con las que nos están machacando últimamente (y creciendo) se llama Maltrato Zero, y es, textualmente, “una iniciativa que anima a todos los jóvenes de 22 países a unirse y expresar abiertamente su total rechazo a cualquier tipo de violencia contra las mujeres. El reto es convertir el movimiento en una corriente movilizadora que nos unirá a todos en un único objetivo: parar el maltrato.”
Hasta aquí bien. Ciertas caras conocidas (hasta ahora, y porque todavía no soy usuario Premium en Spotify, sé que la apoyan Chenoa, Javier Cámara, Tristán Ulloa y el susodicho de arriba, al que vi en un póster tamaño real en alguna marquesina de buses) apoyando una campaña cuyo mensaje (seamos autocríticos) ya debería estar aprendido por nuestra sociedad. Y nada más lejos de la realidad: sigue siendo noticia día sí y día también. Como el mobbing (no, no es la canción de Macaco…aunque también sea violencia acústico-musical). O el bullying. Y como las normas de circulación. Y como tantas otras cosas.
El principal problema que tiene España es la educación. A todos los niveles. Un deficiente (para los de la LOGSE, que diría Goyo Jiménez: malo) nivel educativo -como refieren los informes PISA-, una Universidad desmembrada, endogámica y que, según qué carreras, acaba siendo una fábrica de parados. Del abuso de la fuerza por parte del profesor, al acorralamiento de ellos para grabarlo con el móvil y subirlo a Youtube (al profesor, a un mendigo, a un/a compañero/a de clase…. Estamos criando la generación de chavales más irreverente, indisciplinada, irrespetuosa y consentida que recuerdo (vale, viniendo de mí no adquiere validez debido a mi edad, pero creo que es un sentimiento generalizado y extendido. Aunque, irónicamente, todos saludan en el ascensor, mientras que muchos otros adúlteros adultos ni siquiera hacen el ademán). Y la falta de ética y de (otra vez) educación se extiende al resto de hábitos: al tráfico, al fútbol, y a prácticamente cualquier conversación interpersonal, tanto en el sector servicios como en el público; donde queráis. No hace falta escarbar: se ve a distancia.Sí. El Diario de Patricia o Sálvame también son ejemplos.
Pues si ni siquiera tenemos la decencia de saludar a la gente, o ser mínimamente respetuoso con nuestro conversador, es imposible evitar el maltrato. Hemos construido una sociedad a la que estos mensajes les entrarán por un oído y les saldrá por el otro. Tendrá todavía menos eficacia que las agresivas campañas de la DGT.
Y ya no entro en los participantes en la campaña (¿Por qué siempre hay “caras conocidas” del cine? ¿Por qué siempre se están manifestando?). Lo que me preocupe es que esta campaña esté sufragada por -al menos- dos ministerios de nuestro país: el de Asuntos Exteriores y de Cooperación, y el de Igualdad. No quiero saber el importe, pero posiblemente los ceros de la cifra que aporten supere los 6 dígitos. Está claro que es un mensaje que debe ser difundido, y que lo pagan dos Ministerios en los que no está muy claro en qué se entierra gasta el dinero. Pero ¿qué más da? Sigamos tirando el dinero, ya sea con estas campañas o con el Plan E (¿vale para algo más que para volver a hacer las mismas aceras que ya fueron reformadas hace unos años?). Mientras tanto, la Ley de Dependencia cojea, los bancos y las inmobiliarias siguen haciendo su agosto -los bancos recibiendo suculentas sumas de las arcas del Estado-, y los políticos siguen con sus chanchullos de los regalitos, las mociones de censura, o, simplemente, cobrando barbaridades.
Hay días que es mejor largarse de un país que, contra todo pronóstico, es de los que, estadísticamente, menos defrauda en el asunto del IVA. Que conste, no me lo creo. Sigo sosteniendo que este país tiene un porcentaje importante de economía sumergida. Pero igual es que lo de subirle el IVA a “los chuches” era para ajustar cuentas…
Te escucho